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Familia Jubert: cinco generaciones dedicadas a la medicina

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Familia Jubert: cinco generaciones dedicadas a la medicina

La medicina se lleva en la sangre

La medicina se lleva en la sangre: cinco generaciones de la familia Jubert

Hay profesiones que se eligen y otras que, de alguna manera, se llevan en la sangre. En la familia Jubert, la medicina es mucho más que una profesión: es una vocación que ha pasado de generación en generación, transmitiendo conocimientos, experiencias y una forma muy especial de entender el cuidado de los pacientes.

Cinco generaciones de médicos y una misma pasión.

En esta entrevista, conversamos con el Dr. Kim Jubert y el Dr. Quim Jubert, padre e hijo y cirujanos vasculares de EMQ Vasculars, para descubrir los orígenes de esta tradición familiar, cómo es compartir profesión y quirófano y qué valores han permanecido intactos a lo largo del tiempo.

Una historia que demuestra que, más allá de los avances médicos y las técnicas quirúrgicas, hay algo que nunca cambia: la vocación de cuidar a las personas.

¿Hasta dónde se remonta la tradición médica de vuestra familia?

El primero en dedicarse a la medicina, hasta donde sabemos, fue el abuelo de nuestro abuelo. Era una época en la que no existían las especialidades médicas tal y como las conocemos hoy. Los médicos se dedicaban a aquello que más les interesaba, sin necesidad de contar con un título de especialista o una formación específica.

Por lo que sabemos, nuestro antepasado ya se dedicaba a tratar problemas relacionados con las piernas. De hecho, gracias a un paciente conseguimos recuperar un anuncio publicado en un periódico de Girona hace casi 100 años, en el que se ofrecían tratamientos para las varices de las mujeres con una promesa muy curiosa: que pudieran volver a llevar faldas.

¿Qué recuerdos tenéis de vuestra infancia? ¿La medicina estaba presente en las conversaciones familiares?

Sí, en casa siempre se ha hablado de medicina. Y no solo de cirugía vascular. En nuestra familia también hay pediatras, traumatólogos, enfermeras y comadronas, repartidos entre distintas generaciones.

Cuando nos reuníamos todos, era prácticamente imposible no acabar hablando del hospital. Desde pequeños, la vida hospitalaria siempre ha estado muy presente en nuestra familia.

¿Siempre tuvisteis claro que seguiríais los pasos de vuestra familia?

Desde pequeños, la medicina ya formaba parte de nuestro día a día. Los fines de semana acompañábamos a nuestro abuelo a hacer visitas a domicilio y a nuestro padre a pasar visita a sus pacientes.

Por eso, más que una decisión tomada en un momento concreto, la medicina fue algo que vivimos con naturalidad desde la infancia. Es casi como un oficio que se transmite de generación en generación.

Los valores que se transmiten de generación en generación

¿Hay alguna enseñanza familiar que todavía tengáis muy presente?

Creo que lo más difícil de transmitir es el trato con el paciente.

Los conocimientos teóricos y la técnica quirúrgica se aprenden en las aulas y en los quirófanos, pero la empatía y el trato humano son un arte que se entrena observando cómo trabajan tus maestros.

Gracias a nuestro abuelo aprendimos algo que seguimos teniendo muy presente: a veces curan más las palabras que el bisturí.

Tres generaciones compartiendo quirófano

¿Recordáis la primera vez que operasteis juntos?

Recuerdo especialmente la primera vez que coincidimos en quirófano mi abuelo, mi padre y yo.

Estábamos operando unas varices y el paciente apenas podía creérselo. No todos los días te operan tres generaciones de médicos de una misma familia.

Fue una experiencia muy especial. Resulta muy interesante observar cómo tres generaciones distintas abordan una misma patología y cómo cada una aporta su propia experiencia y conocimientos.

Experiencia e innovación: aprender unos de otros

¿Qué habéis aprendido el uno del otro, tanto profesional como personalmente?

Gracias a mi padre he aprendido muchísimo desde el punto de vista técnico.

Al pertenecer a generaciones distintas, su manera de abordar determinadas situaciones a veces es diferente a la que yo he aprendido durante mi formación, y eso resulta muy enriquecedor. Además, su experiencia aporta mucha seguridad a la hora de enfrentarnos a casos complejos.

Creo que, por mi parte, le aporto las ganas de seguir aprendiendo y de mantenerse actualizado, tanto en los conocimientos clínicos como en los avances de las técnicas quirúrgicas.

Es una relación de aprendizaje mutuo en la que la experiencia y la innovación se complementan.

Una misma forma de cuidar a los pacientes

¿Qué es lo que más os llena de vuestro trabajo?

Lo que más nos llena de nuestro trabajo es ver a los pacientes contentos y seguros.

Para nosotros, la medicina no consiste únicamente en realizar un tratamiento o una intervención. También implica acompañar al paciente, transmitirle confianza y conseguir que se sienta en buenas manos durante todo el proceso.

Es una manera de entender la profesión que hemos vivido desde pequeños y que intentamos mantener cada día.

¿Qué significa para vosotros continuar este legado?

Es muy satisfactorio ver que el legado continúa con la misma empatía y disposición, generación tras generación.

No es solo una empresa familiar. Es una manera de hacer las cosas y de tratar a los pacientes que nos recuerda constantemente por qué nos dedicamos a esta profesión.

EMQ Vasculars: una vocación que continúa

La historia de la familia Jubert demuestra que hay legados que van mucho más allá de los conocimientos o de una profesión compartida.

Desde aquellas primeras visitas a domicilio hasta los quirófanos actuales, la medicina ha evolucionado enormemente. Han cambiado las técnicas, los tratamientos y la tecnología, pero hay algo que permanece: la importancia de escuchar, acompañar y cuidar a cada paciente.

Hoy, esa filosofía sigue formando parte de la esencia de EMQ Vasculars, donde la experiencia de distintas generaciones se une a la innovación y a una atención cercana y personalizada.

Porque, después de cinco generaciones, la medicina sigue siendo mucho más que una profesión para la familia Jubert.

Es una vocación que se lleva en la sangre.